martes, 15 de enero de 2013

Transferencia, un nuevo amor, una rectificación del Otro


Romina Brunetti
XImena Pardiñas

Nuestra época se caracteriza por la presencia de profundas transformaciones que se dan a nivel social, cultural e individual. Transformaciones que son el corolario de la globalización que ha dejado sus huellas en el borramiento que hizo de las diferencias. Hoy por hoy todos somos consumidores de una infinidad de objetos, dominados por un empuje a gozar de todos ellos en pos de alcanzar la felicidad. Ese empuje feroz a gozar, en un tiempo donde los modelos y los ideales están en decadencia, donde las instituciones, aquellas que guiaban y ordenaban la vida de las personas, están desdibujadas en su función, traen como consecuencia la exclusión de aquellos que no entran en este circuito de consumo o por el contrario se produce una suerte de consumo de objetos como forma de hacer frente a un vacío, a la angustia y a la dificultad de vivir en sociedad. Ante este panorama que convence al sujeto que todo puede colmarse con objetos, el tóxico aparece como un objeto que concierne en mayor medida al sujeto del goce y en menor medida al sujeto de la palabra. De esta forma el psicoanálisis se presenta con otra apuesta, que es la de apuntar al propio deseo del sujeto, para poner un tope a ese goce, dando importancia a la función que la sustancia tiene en su economía libidinal. Para ello, se hace imprescindible, la creación de un espacio para el despliegue de los dichos del paciente, de manera tal que posibilite al sujeto la entrada en transferencia y en el mejor se los casos, vía la formación de un síntoma, encontrar en su decir la función que el tóxico viene a cumplir. Será esta nuestra tarea, la de comenzar a articular y cuestionar esa forma de gozar, donde las fallas en la inscripción de la ley no permitieron que ésta opere, y un saber compacto se impone y obtura el saber inconsciente. Allí debe dirigirse el deseo del analista, a que el sujeto de analice.
Estas nuevas presentaciones que llegan a la consulta forman parte de las llamadas formaciones narcisistas, formaciones que están por fuera del inconsciente y del campo de los significantes, presentaciones que están del lado de las Neurosis actuales y no del síntoma, esto es: del lado de la descarga corporal y no de las representaciones, con lo cual nos enfrentamos a una defensa frente a la angustia que es de otro orden, estamos frente a una cancelación tóxica del dolor y no frente a la represión de lo intolerable. Por esto, en la clínica de las toxicomanías, no nos encontramos con sujetos divididos, y de ahí, cierta dificultad para operar en el tratamiento, a través de la rectificación subjetiva o la histerización del discurso, en busca de la responsabilidad y las verdaderas causas en torno al padecimiento del sujeto.
Estas nuevas presentaciones, mediante la operación del farmakón, reniegan de la castración, y con esto se permiten sustraerse de la angustia de la falta, soportar el trauma y el dolor de existir. La ruptura con la lógica fálica que esto implica, permite al sujeto desentenderse de su propia falta –y la del Otro-. Se trata de la búsqueda de una inmediata satisfacción, sin necesidad de pasar por los derroteros que implica el pasaje por el Otro del lenguaje. Con lo cual, estos individuos que hacen “un uso perverso del objeto para cubrir la hiancia de la castración”1, nos convocan hacia una nueva transferencia, una transferencia ligada al objeto del cual se goza o a una transferencia en base a la identificación idealizante, esto es a un rasgo. Por ello es difícil el tratamiento a partir del establecimiento de una transferencia simbólica propia de la clínica clásica, porque se ve obstaculizada en su función, que es la de anudar la palabra a la dialéctica del deseo. La palabra, en estas presentaciones, está fijada al objeto, vacía de sentido, no está en relación a los significantes. Por eso, estas respuestas o soluciones que estas personas arman en torno a su padecimiento, requieren un espacio de alojamiento y escucha distinto para el abordaje psicoanalítico de las toxicomanías, haciendo un tratamiento para cada sujeto en particular y no un tratamiento posible para todos.
Entonces, para que el despliegue de la transferencia no se vea obstaculizado, este espacio singular será aquel en el que el analista se abstiene de todo prejuicio en torno a “la droga”: como el objeto causa del problema, o como la sustancia competidora que hará desestabilizar o fracasar el tratamiento. Esta abstinencia es del analista, es una privación de su ser, no es la abstinencia de la sustancia. Se podría pensar que es la abstinencia de un saber que el analista posee y que voluntariamente renuncia hasta tanto se constituya el Sujeto Supuesto Saber, ya que este se constituye a partir de la ignorancia. Miller dice al respecto: “la función operativa de la ignorancia es la misma que la de la transferencia”2. Lo que se intenta a través del marco transferencial es ir produciendo cierta regulación del goce por la vía de la palabra, apostando a la aparición del sujeto, y a revelar la función de la sustancia en su economía libidinal, teniendo presente que las drogas no son todas iguales y cada uno hace un uso particular de ellas. Para ello, es importante el alojamiento y el interés en los dichos del individuo para poder dar cuenta a partir de un “campo transferencial singular”3, cómo el tóxico se inscribe en el discurso del consultante que permita crear las condiciones para producir un reordenamiento del goce. Interesarse en estos dichos, es separarse de los hechos, de manera tal de poder dar cuenta de cómo el paciente se posiciona frente a ellos y abrir la posibilidad de un cambio de posición subjetiva, que implica también acercarse a un saber supuesto por parte del sujeto.
Teniendo en cuenta esto, las toxicomanías requieren un abordaje distinto, al menos en un primer momento, el cual tendrá que ver con ir ubicando ciertas coordenadas históricas en que la operación del farmakon se formó y que permitió el borramiento del sujeto, tendrá que ver también con la creación de un espacio donde circule la palabra y el restablecimiento de un tiempo, distinto al de la urgencia, un tiempo de espera, un tiempo subjetivo, sin olvidar que muchos de los consultantes se encuentran en un impasse temporal como consecuencia de dicha operación. De esta forma se intenta orientar esta problemática hacia otra escena, en la cual el sujeto pase del goce de la sustancia hacia la circulación de sus propios decires, ir ligando algo de ese goce feroz a partir de las intervenciones, esto es: ir situando aquellos puntos donde el tóxico fracasa, siguiendo la ruta de la angustia, y de tal manera lograr producir efectos y permitir al individuo apropiarse de lo que pide a partir de la recuperación de un relato que tiene que ver con su historia y con su padecimiento. En definitiva, se trata de ir construyendo una demanda, una demanda al Otro, que será demanda de amor y una pregunta por el ser.
Así el analista opera hacia una rectificación del Otro y no hacia la rectificación del sujeto. Y esto significa encarnar un Otro distinto al que el sujeto encontró en su historia, una nueva configuración que permita también implicar al sujeto en un lazo o en una transferencia con el Otro. De manera tal que el analista con su deseo ofrece un hueco, un lugar vacío para situarse como un Otro incompleto invitando al sujeto a hablar, permitiendo la circulación del deseo evitando otorgar sentidos que deberá encontrar el paciente en torno a lo que dice y le pasa.
De esta manera, la transferencia se convierte en la seguridad del analista, y las intervenciones como una forma de producir algo nuevo en el discurso del paciente. Se tratará también del atravesamiento de las identificaciones a las que el sujeto se ve sujetado, la transferencia así concebida conlleva la necesariedad de una pregunta, de un vacío que se opone a la consistencia del ser, es el pasaje del significante amo a un significante cualquiera, que el analista toma de los dichos del paciente. Es donde puede producirse un significante que es un significante cualquiera, sancionado por el analista, donde la pregunta impone al sujeto un no saber respecto de su posición, y allí su división. La propuesta del psicoanálisis para el analizante, que es la de no saber, es, poder enfrentarse con la falta, lo cual le permitirá al sujeto poder reescribir su historia.
Esta es una de las formas en que se puede ir desarmando un montaje toxicómano, desde el establecimiento de una transferencia real, atenuando el goce, donde el analista se posiciona como Otro distinto a los que se le presentaron al sujeto en su historia real. Intentar allí hacer una diferencia, una pregunta en pos de la búsqueda de un saber y de las formaciones del inconsciente donde el “farmakon podrá caer por sí mismo”.
Articulación clínica
R de 32 años llega al Centro identificado con un problema con el consumo de cocaína y como este consumo se le torna problemático al no poder controlarlo y en tanto le produce culpa por todo lo que pierde económica y emocionalmente. Señala que las ganas de consumir están siempre en su cabeza y que esto tiene que ver con las presiones de la vida cotidiana: la familia, el trabajo, su mujer, o sea las responsabilidades. Refiere sentirse como un adolescente. En relación a su padre sostiene que es su pilar, lo va a buscar cuando lo necesita y le busca tratamientos. Trabaja en un taller junto a él, negocio que le cederá el próximo año, por lo cual R dice que deberá hacerse responsable. R es padre de dos hijos, de su primer hija dirá que se desligó de ella y que se hicieron cargo sus padres, sobre todo su padre, como consecuencia del consumo de R. Menciona cierta decepción en torno a la madre de esta hija.
De su segundo hijo dirá que su llegada lo tomó por sorpresa. La figura de su padre, quien tiene 64 años, es muy relevante en el discurso del paciente: Mi viejo siempre fue todo para mí, un respaldo. En ese sentido he sido cómodo, yo sé que él siempre me va a ayudar. Eso me hace “irresponsable”. Mi pregunta es qué voy a hacer cuando no esté. Ahí no me va a quedar otra como en Chile, tener una responsabilidad. Cuando el analista indaga acerca de lo que llama “la responsabilidad”, R. señala: Ser responsable es llevar una línea de vida (…) yo soy un chico que nunca terminé las cosas, siempre fui inconstante, desde chico además me gustaba la joda… nunca me he tomado las cosas en serio, vivo de joda, quiero gente, bailar… mi hermano es lo opuesto a mí, es más anti-social… yo fui cantante de cuarteto, lo hice por el bardo… en esa época siempre tenía que tomar algo y trabajaba para comprarme cocaína (…) eso no está bueno, me gustaría ser un tipo normal, ser responsable, proyectarme, tener una familia… siempre he vivido el momento, “total mañana Dios proveerá”. En otra entrevista dirá: “la droga es algo que no le deseo a nadie. Vivís como una adolescencia prolongada. No me siento como un adulto, no sé por qué. No puedo sentar cabeza, madurar, si bien tuve mi familia en Chile. Siempre estuve preocupado por traer la plata, trabajar… se ve que no lo aguanté”. En relación a los trabajos comenta: “empiezo algo y no lo termino, con los trabajos duro un tiempo y me aburro. Me aburro fácil, no me gusta estar quieto. La rutina me mata. Es un acto de indisciplina, yo dejo todo a medias. El colegió no lo terminé, repetí.
R se autodefine como una persona que de pequeño ha sido caprichoso, y que “si quiere algo, lo trata de conseguir de cualquier forma”: si me propongo algo, lo hago. El analista señala que al mismo tiempo comenta que “no sostiene las cosas”, a lo cual dice: sí… pero después pierdo el interés… todo lo que uno consigue, después cuando ya lo tenés no es lo mismo. De su segunda mujer dirá que era cómoda, que no trabajaba, ni lo ayudaba y que discutían por el consumo.
De este recorte de la viñeta clínica se puede observar cómo R se posiciona frente a sus dichos, parecería que R es el eterno hijo de ese padre que lo cuida, lo protege, lo va a buscar donde sea. Un padre completo que todo lo puede, con él, con sus clientes, que sabe ahorrar y que es responsable. Ahora bien las mujeres en la vida de R parecen ser estafadoras, cómodas, y de las cuales hay que desconfiar. Se dirimen entre la sorpresa y la decepción. Qué pasará con su propia madre de la cual ni habla en estas primeras entrevistas y cómo esto puede tener que ver con su dificultad para situarse como padre.
Si bien estas son parte de las primera entrevistas, de lo que se trata aquí es poder tener un acercamiento a los dichos del paciente para pesquisar como éste se posiciona, y a partir de las intervenciones abrir interrogantes que le permitan otorgar sentido a aquello que le pasa por fuera del consumo.
Parecería que el consumo viene a funcionar como una forma de diferenciarse, de separarse de este padre. R no lo puede todo como aquél. No puede llevar adelante el negocio, su familia, ni controlar el dinero. Tal vez en el transcurso del tratamiento y bajo transferencia se podrá ir deconstruyendo a este padre que cubre todas las faltas de R. De manera tal que el sujeto pueda posicionarse frente a sus responsabilidades de otra manera y de acceder a ser padre con errores y aciertos. Indagar acerca de la culpa que siente, de qué se siente responsable realmente. De lo que se trata en este recorte es que hubo un padre que no transmitió algo del orden de la falta, algo falló allí, y el consumo viene a obturar algo de esto que ahora se le torna incontrolable a R. Sin embargo, esa falta es actuada por R, presentifica el resto, algo intenta señalar a su padre, como en el momento en que éste lo va a buscar a la salida de una fiesta, a pedido de R, y él se había ido para conseguir pasta base. Importa mostrar aquí el resto irreductible frente a los intentos del padre para obturar la falta, en un radical intento de separación mediante este llamado. Es indudable que R ha tenido lugar en el Otro, no se han desentendido de él, pero por otra parte, ¿qué lugar para alojar a su deseo en Otro tan completo? Este padre ideal, no ha pasado a ser el padre de la prohibición, el donador de la falta, orientado él mismo a constituir una mujer como objeto causa de su deseo, de su falta, y objeto de su goce.
Se produce así una suspensión de la dinámica de los conflictos psíquicos, lo que varios autores referencian como “supresión tóxica” de la memoria y la angustia, como un último intento de reunir o conservar un cuerpo amenazado por la efracción y la invasión de goce. El consumo funciona como una ruptura con la lógica fálica por eso R no tiene punto de referencia en cuanto a lo que consume, a lo que gasta, ni como ser padre.
Hasta el momento, R no puede procesar la excitación pulsional por vía de las representaciones. Porque ese cuerpo está presente, la angustia está a nivel del cuerpo, y lo describe en las sensaciones que tiene en el estómago cuando quiere consumir es como estar enamorado. En tanto el sujeto sigue taponando su deseo mediante este circuito, lo que hace es tomar el atajo de la “cancelación tóxica”, y no puede tolerar cierto desvío que va desde el sujeto al Otro por los carriles de la demanda, en función de una imposibilidad de tolerar la experiencia de la falta que implica el deseo, y la búsqueda de satisfacción por las vías metonímicas del discurso.
El desafío del analista aquí, será promover en R el pasaje o la cesión de este goce para acceder a un lugar donde se desplieguen los significantes y tal vez la formación de un síntoma.

Conclusión.
En el discurso de la lógica del consumo, del mercado, ineludible al momento de reflexionar sobre los signos de época, se corre el riesgo de ubicar al sujeto toxicómano como víctima del sistema, o abrocharlo a una identificación de adicto que le dé consistencia a ese ser, dejando por fuera su condición deseante y los modos en que se las arregla, en el mejor de los casos, con su goce. Desde la ética del psicoanálisis, será una búsqueda del sujeto la que oriente la dirección de la cura, allí donde las condiciones lo permitan.
La causa, como una invariante del sujeto, agente de su singular deseo, es el fundamento estructural, atemporal, inconsciente, el que determina el modo de desear, gozar, sufrir, de cada quien, donde viene a constituirse el campo privilegiado de la intervención analítica, puesto que la lógica del consumo y la cancelación tóxica se dirigen a sustituir una falta estructural.
Será necesario intentar ubicar en el lazo transferencial, un rastro en esos significantes que orientan la dinámica de consumo de cada sujeto hacia otra escena, descomponiendo el estereotipo de la droga, problematizando el campo, en tanto un otro decir abre un otro lugar del sujeto. En este sentido, será eficaz la abstinencia del analista antes que pretender la abstinencia del consumo, porque solo así se funda en primer lugar la posibilidad de un espacio de palabra, transferencia mediante.
De esto se trata muchas veces todo tratamiento posible, de lo que Recalcati llama la Rectificación del Otro, una configuración de un Otro diferente al real de su historia. El lugar del Otro en la dirección de la cura será como el sitio desde donde su sufrimiento va a recibir un sentido, y lo implica en un lazo posible, encontrando una solución distinta para su malestar. Esta es la apuesta a la cual nos convoca el psicoanálisis en la clínica de las toxicomanías, una apuesta que tiene en cuenta y no retrocede a la subjetividad de la época y del discurso social.

1 Recalcati, Mássimo: La cuestión preliminar en la época del Otro que no existe”.
2 Miller, J.A: “Introducción al método psicoanalítico”. Nueva biblioteca psicoanalítica. Pág. 33.
3 Le Poulichet, Sylvie.”Toxicomanías y psicoanálisis. Las narcosis del deseo" Cap. 6. Pág. 200.


Bibliografía
  • Kobylaner Daniel: “Clínica de las toxicomanías. ¿De qué transferencia se trata? (Artículo del Boletín del Centro Carlos Gardel, n° 9, octubre de 2009).
  • Laurent, Eric: “Entre transferencia y repetición”. Atuel, 1994.
  • Le Poulichet, Sylvie: “Toxicomanias y psicoanálisis: la narcosis del deseo”. – 1ª edición 2ª. Reimpresión. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 2005. Cap. 6. Pág. 200.
  • Miller, J.A: “Introducción al método psicoanalítico”. – 1ª edición, 7ª reimpresión- Buenos Aires: Paidós, 2010.
  • Recalcati, Massimo: “La cuestión preliminar en la época del Otro que no existe”. Ornicar? Digital, Nº258 – Nouvelle Époque – 8 de mayo de 2004.Traducida del italiano por Andrea Mojica. Revisado por Astrid Álvarez de la Roche.

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